Antes de que se me olviden (Columna)

caifanes

Por Francisco Morales

Sucede que a la saludable melomanía desinteresada a veces se le adhiere, cual rémora al tiburón, esa molesta cosquillita de estar necesariamente “al día” con la música nueva y sus tendencias. Para muchos, vivir hypeado representa un extraño placer de anticipación perpetua que, por la rapidez del mercado musical, es en sí un estado de eterna transición. Ya sea por el retorno de una leyenda tras un prolongado silencio, el esperado segundo álbum de alguna banda joven, o el prometedor debut solista de algún consagrado, pero siempre hay algo por lo que vivir esperando. La única consecuencia lógica de lo anterior, creo, es la disminución del ya de por sí efímero presente. Lo importante no es el ahora, sino la next big thing y quien pueda predecirla antes que los demás.

Pareciera que el “pasajero ahora” en turno dentro de la música mexicana “moderna” es, en esencia, el mismo “pasajero ahora” de finales de los ochenta, principios de los noventa. Tan encumbrada como lo merece, Café Tacvba se antoja como una banda muy alejada de lo que originalmente proponía: noventerísimo rock que jugueteaba con maestría con la música popular mexicana. Con su laudable cambio -que no “evolución”, esa palabra truculenta-, los oriundos de Satélite ya no funcionan como recordatorio de ese momento del rock mexicano donde las bandas voltearon hacia adentro.

Existe, sin embargo, otra gran banda del periodo que, como si hubiese recibido un baño de formol, se ha conservado fiel al ethos mexicanista que, según muchos, es cosa del “ahora”: Caifanes. Me resulta difícil pensar que se considere a la “vuelta” de la música popular al mainstream, mezclada con lo “moderno” (rock, música electrónica, etc.) como algo nuevo cuando gozamos de grandes clásicos como El Diablito o El Silencio. Basta con escuchar las letras de afinidad prehispánica de Saúl Hernández, las guitarras distorsionadas “mariacheras”  de Marcovich y la irrupción en numerosas canciones de elementos como la “banda” para saber que el rock mexicano, con gran éxito, ya ha transitado por los caminos que llevan hacia el centro del país, y no hacia el norte.

Antes de que se me olviden, y sucumba al hype del momento, haría bien en agarrar carretera uno de estos días con “Nubes” como soundtrack, en el paso entre los volcanes que tanto le gustan a Caifanes.

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