El laberinto de la soledad a 15 años de su muerte. (Columna)

Octavio Paz

Por: Ligia González

 Vale la pena recordar la muerte de una de las figuras más emblemáticas de la literatura mexicana. Hace 15 años, exactamente un 19 de abril, Octavio Paz partió de este mundo, llevándose una gran fuente de inspiración e ideas, pero dejando, un amplio repertorio de textos impresos que perdurarán, serán recordados y releídos hasta que comprendamos y llevemos a la vida práctica algunas de las enseñanzas que dejó.

 Octavio Paz, sobresalió por todos los textos que escribió a lo largo de su vida:  poemas, ensayos y críticas, además hizo conducciones por televisión, fue académico y funcionario público; pero sobre todo, una de las cosas por lo que más vale la pena recordarlo, es por el galardón que obtuvo en 1900, nada menos que el Premio Nobel  a la Literatura.

Su obra más famosa y reconocida a nivel mundial fue: El laberinto de la soledad, publicada en 1950 por la revista Cuadernos Americanos. Este clásico, debería ser un tema obligado para el mexicano, un libro que debiera leer o al menos conocer, tendría que ser de cabecera para los estudiantes de preparatoria y universidad. Su importancia está en como el autor retrata la forma en la que percibe a la sociedad mexicana. Pareciera que cuando se lee el libro, resurge la  voz de Paz, emitiendo un análisis directo y sincero sobre la esencia del mexicano. Dentro de las temáticas que se plantean en la obra, cabe resaltar el de la individualidad y la manera en como se retrata la idiosincrasia del mexicano, desde sus más profundas entrañas, hasta el sentido más superficial.  Su pasado y su presente. Octavio Paz, hace un trabajo exhaustivo sobre la identidad del mexicano, lo describe y lo define como nadie lo había logrado jamás.

 El mexicano tiene un gran dilema en su identidad, se siente orgulloso de serlo y al mismo tiempo le rehúye a su pasado.  A veces , lleva bien puesta la playera del tricolor; en los partidos de futbol, cuando viaja al extranjero, durante el 16 de septiembre y cuando se trata de celebraciones. Sin embargo,  cuando se enfrenta a la triste realidad, y mira a su alrededor, se enfrenta con un país mayoritariamente pobre, corrupto y en general con problemas sociales. Cuando recuerda su historia y el pasado trágico, le viene a la mente una actitud en la que pareciera que se desprecia a sí mismo. Reniega de sus raíces, y no sólo eso, se avergüenza de ellas. Paz, dice que el mexicano “no quiere o no se atreve a ser el mismo”. Tiene a su alrededor, demasiados fantasmas que lo condenan eternamente: la Conquista, la Independencia, la colonia, las guerras, los movimientos civiles, la adversidad, el recelo hacia Estados Unidos y Francia. Así en el capítulo: “Los hijos de la Malinche”, uno de mis favoritos, retrata sin miedo y sin censura cada desgarrador episodio al que se enfrentaron las víctimas de nuestros antepasados.

Al final de la obra, Paz propone una cura, un remedio o un consuelo para sanar las heridas que laceran aún, hoy en día a nuestra sociedad.

 La huella que dejó Octavio Paz con sus aportaciones a la literatura, merecen ser recordadas y exhibidas para que su legado trascienda por varias generaciones, como lo han hecho otros grandes de la literatura latinoamericana.

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