De hojas a minutos (Columna)

Por: Adriana Guerrero

La adaptación de obras literarias al cine tiene la misma tradición centenaria que el séptimo arte, sin embargo, cada adaptación de una obra conocida renueva la eterna polémica: se suele rechazar la película lamentando que la complejidad del texto literario haya sido despreciado por la superficialidad de las imágenes. Las interacciones entre el cine y la literatura son múltiples y ocurren en ambos sentidos. El cine ha encontrado un aliado fundamental en la literatura, la cual ha facilitado su desarrollo industrial y ha hecho posible un número muy significativo de logros artísticos. Tomar una novela exitosa para hacer una película es lógico, pero es necesario también pervertirla un poco, acercarla al mundo del director y crear algo nuevo con ella, sin perder lo que la hace especial y única.

Es evidente que entre la literatura y el cine existe una indudable relación, a pesar de que  la literatura sea la expresión por medio de la palabra, escrita u oral, y el cine, por definición, un modo expresivo a base de imágenes.

Considero que los realizadores que se atreven a hacer la adaptación fílmica de un libro deberían tener una mente prodigiosa, capaz de procesar la narración escrita para convertirla en una síntesis de imágenes y sonido que no sea exagerada o tediosa. Sin duda, la tarea de adaptar novelas al cine es difícil porque los directores pueden moldear en la pantalla lo que el libro dice, pero no siempre logran reflejar lo que las personas han imaginado al momento de leerlo, y en ocasiones tampoco reflejan la intención del autor.

Por ejemplo, la adaptación cinematográfica de Trainspotting, dirigida por exitosamente por  Danny Boyle (director de la premiada Slumdog Millionaire y de 127 horas), convirtió a Irvine Welsh en uno de los escritores más ricos y famosos de Inglaterra. Algo así como una especie de J. K. Rowlling (autora de Harry Potter) pero para adultos, dejándonos ver que el cine ha popularizado novelas famosas.

Está claro que el cine y la literatura tienen lenguajes diferentes, no es lo mismo tener 500 páginas a 90 minutos. En una novela se puede entrar en la cabeza de un personaje y el lector puede digerir el texto a su propio ritmo y crear sus propias imágenes, mientras que el cine es más que una novela hecha imágenes, que posee autonomía propia como arte, o al menos debería tender a ello. 

El problema inicial de las adaptaciones está en la dificultad de condensar en unas dos horas de proyección todo el contenido de un libro. Por eso, estas películas suelen ser un pálido reflejo de la belleza literaria de novelas importantes. Como dijo Marguerite Duras, la novelista de La amante,  “hacer una película es pasar a un acto de destrucción del creador del libro”. Un duro problema que deja cicatrices.

Anuncios

Una respuesta a “De hojas a minutos (Columna)

  1. Corta pero concisa, me gusto mucho la nota y me hizo reflexionar como: El perfume, masacrada completamente. El conde de monte cristo, excelente adaptacion.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s