Entrevista a Ezequiel Zaidenwerg

Por: Francisco Morales

Foto por Valentina Siniego

Foto por Valentina Siniego

Para Ezequiel Zaidenwerg, joven poeta argentino, uno de los muchos caminos de la experimentación artística reside en la búsqueda del choque de lo antiguo con lo moderno. Curioso lector que no discrimina tradiciones literarias, sean estas de siglos atrás o de pocos años en el pasado, sus textos dan cuenta de un visión artística que dialoga constantemente entre lo actual y lo anterior.

Actual residente de la ciudad de Nueva York,  Zaidenwerg ha declarado su “profundo amor” amor por México y su “duradera fascinación” con el Distrito Federal, proveniente de las temporadas que ha pasado en el país. En una charla sobre poesía que sostuvo conmigo para el periódico El Nuevo Mexicano, el escritor porteño detalló –en su calidad de voraz lector de poesía– algunos aspectos sobre el estado de la lírica nacional. Aquí algunas respuestas fragmentarias de dicho encuentro:

 (Zaidenwerg refiere que el título de su último libro La lírica está muerta proviene de un aserto de Alejandro Rubio, “poeta señero” de la generación argentina “del noventa”)

FM: Aquí en México se sabe poco sobre la generación del noventa -me incluyo-, ¿podrías hablarme de ella? ¿Cuál es tu relación con esta generación? ¿Es puramente argentina?

EZ: Bueno, todos los países tienen su generación del noventa, aunque la mexicana y la argentina no podrían ser más distintas. La mexicana, cuyos principales exponentes aparecen recopilados en la antología El manantial latente, se caracterizan por su interés por palabras y temas sublimes (la luz, el aire, los árboles, las rocas, etc.), a veces por cierta sublimidad metapoética, así como por cierta libertad técnica (principalmente en lo tocante a la rima y el metro), mientras que la generación posterior de poetas mexicanos, la actual, es simultáneamente antisublime (o busca otras formas de la sublimidad, como la política en Luis Felipe Fabre y Óscar de Pablo) y experimental formalmente; es particularmente interesante el regreso a la rima que puede verse últimamente en México en la obra del mismo de Pablo y de, por ejemplo, Alejandro Albarrán.

 (Al preguntársele sobre su oficio declarado de traductor de poesía, mismo que es patente en lo profuso de esta faceta en su obra, Zaidenwerg menciona algunos traductores que admira –algunos de ellos mexicanos.)

EZ: Finalmente, en relación con los traductores de poesía, hay muchos muy buenos. Algunos de los que más admiro son Ricardo Herrera y Alejandro Bekes, de Argentina; Aurelio Asiain y Hernán Bravo Varela, de México; y Jordi Doce, de España, entre otros muchos.

 (Sobre México)

FM: Me habías dicho que pasas temporadas aquí en México. ¿Cómo es tu relación con este país?

EZ: De profundo amor.

Conocí el país en 2009, luego de pasar por Estados Unidos, donde di una conferencia en Swarthmore College, precisamente sobre traducción de poesía. Le había prometido a mi amigo Hernán Bravo que le devolvería la visita algún día (él pasaba largas temporadas en mi país todos los años), y finalmente me decidí a hacerlo.

El país, o más bien el D.F., me produjo una inmediata y duradera fascinación. Luego hice otros viajes y fui haciéndome de un grupo de amigos, la mayoría de ellos poetas, que son fundamentales no sólo en lo afectivo sino en lo poético.

Además, el año pasado se mudo allí la poeta y traductora estadounidense Robin Myers, con quien además de unirme una profunda amistad tenemos una fluida relación de colaboración, sumando un nuevo motivo para visitar la ciudad.

 (Sobre poetas mexicanos y argentinos.)

FM: ¿Qué poetas mexicanos -que estén publicando actualmente- te gustan? ¿Y argentinos?

EZ: Es difícil decirlo de manera imparcial, dado que muchos de ellos son además mis amigos; es difícil, por lo demás, decir si primero viene la amistad y luego la admiración o si es al revés. Para evitar suspicacias, voy a mencionar cuatro libros, dos de argentinos y dos de mexicanos, que me parecen particularmente importantes, en vez de dar una serie de nombres: El baile de las condiciones de Óscar de Pablo y La sodomía en la Nueva España de Luis Felipe Fabre; y Abejas, de Alejandro Crotto y Un país mental: antología de 100 poemas chinos contemporáneos, de Miguel Ángel Petrecca. Los primeros dos, aclaro, por si hiciere falta, son mexicanos; los últimos, argentinos.

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